La vida de un podenco abandonado

Era un día de marzo, ahora mismo no recuerdo cual, yo iba con mis hermanos y mi amo paseando por el campo, en lo que pensaba iba ser un día de diversión y juegos con estos, corriendo, saltando y disfrutando del buen tiempo.

Mi sorpresa llego cuando en una de esas carreras descubrí que estaba sola, sola en el campo, no veía ni a mis hermanos, ni a amo, no había nadie. No podía ser, no me podían dejar allí sola, era pequeña y no conocía otra vida que la que tenía con ellos, desesperada corrí y corrí para encontrarles pero no los vi, se los había tragado la tierra.

Que iba ser de mí? Donde iba a dormir? Y comer?? Todas esas preguntas se pasaban por mi mente cuando por fin después de las horas de buscar me di cuenta que jamás les encontraría.

Como he podido ser tan mala perrita y no haberme dado cuenta de que se iban, mi amo estará disgustado, seguro que viene a por mí, eso me decía a mí misma, pues estaba convencida de que mi amito me quería tanto como yo a él.

Pasaron las horas y me quede sentada mirando al horizonte sin saber muy bien qué hacer ni dónde ir, llego la primera noche y la segunda, algunos humanos se acercaban a darme de comer, pero yo no me atrevía a ir cerca de ninguno, no comía hasta que no se habían ido, me daban miedo, no sabía que podían hacerme, yo no había tenido contacto más que con mi amo que jamás me toco ni me intento coger, no sabía lo que era una caricia, vivía en una jaula con el resto de mis hermanos.

Así pasaron los meses y unas personas cada mañana me ponían de comer pero yo seguía sin fiarme de nadie el miedo me tenía paralizada.

A pesar de comer me sentía cada vez más débil, no me encontraba bien y llego el invierno, hacia frio y llovía, no tenía donde meterme para refugiarme, y cada vez me sentía peor.

Había una humana que siempre me perseguía e intentaba alcanzarme pero yo no me dejaba, corría y desaparecía hasta que se iba.

Un día ya muy enferma me acerque como cada mañana a la encina donde me ponían de comer, pero no podía casi ni moverme, había parido y me costaba llegar a la comida.

En ese momento la humana que llevaba viendo en la distancia durante 9 largos meses corrió detrás de mi hasta que caí y me alcanzo, no podía más, ya daba igual lo que me hiciera me rendí. Ya no quería vivir, si la vida era eso, prefería morir.

Pero al contrario de como yo pensaba, esta humana me cuido, me arropo y me fui recuperando poco a poco, yo estaba muy enferma así que me costó meses, perdí mis orejas y mi rabo porque del frio se habían muerto, perdí a mis cachorros que también habían muerto, y tuve muchos problemas de salud, pues aunque me habían alimentado los bichos se habían apoderado de mi cuerpo.

Pero me recuperé, con mucho esfuerzo y cariño, ahora vivo feliz con mi familia humana y perruna, sigo teniendo miedo, no puedo evitarlo. Por lo vivido?? Porque mi naturaleza es así?? No lo sé, pero lo que sí es seguro que mi familia me quiere como soy.