Ana María, una joven de 30 años lleva los últimos seis esperando la concesión de una vivienda social en su Sevilla natal. Cuando por fín su deseo se hace realidad y la conceden la casa se encuentra con una desagradable sorpresa: ella si puede ir a vivir al domicilio pero no así su perra Nia, una mestiza de labradora y mastín a la que había recogido de la calle en un pueblo de Córdoba siendo solo un cachorro.

Por supuesto para la joven nunca ha habido duda ninguna: en ningún momento se ha planteado aceptar la vivienda, situada en el barrio de San Bernardo, si no es con la compañía de su querida mascota.

Esta surrealista situación salta cuando la agencia institucional AVRA, dependiente de la Consejería de Vivienda de la Junta de Andalucia comunica a Ana María (en el momento de la firma de la entrega de la vivienda) que en la misma no es aceptada Nía a través de un documento en el que expresamente se rechaza la posibilidad de acceso con perros a estas viviendas dado que “para establecer la prohibición de tenencia de perros en las viviendas de San Bernardo se han valorado las características arquitectónicas del edificio, su reducida superficie propicia para la convivencia con animales y la circunstancia de que los alojamientos se encuentran amueblados, lo que pudiera acarrear un deterioro mayor por la permanencia de perros”.

Es por ello que Ana María, aún habiendo satisfecho anteriormente por adelantado diferentes cantidades de dinero en forma de mensualidades y para cubrir los posibles desperfectos generados, se niega a firmar tal documento, rechazando por tanto la concesión de la entrega de la vivienda y quedando fuera de la lista de espera de los solicitantes de viviendas sociales.

Tal y como señalan miembros de la familia de Ana María, la joven no puede ni hablar del tema sin ponerse a llorar y señalan que desde la agencia AVRA no se llegó en ningún momento a ofrecer cualquier otra alternativa que no fuera la ya descrita: la vivienda ofrecida pero sin la presencia del animal en la misma.

No deja de sorprender la nula senibilidad de las instituciones que plantean jugar con los sentimientos de las personas de esta manera tan fría y tajante. Igualmente como señalan desde PACMA, quien se plantea acudir a los tribunales por este asunto, se esta fomentando el abandono de los animales.

Estamos seguros que la agencia AVRA ofrecerá razones para la no admisión de las mascotas en sus viviendas, pero por buenas que estas pudieran ser ninguna puede justificar el abandono de un miembro de la propia familia. Ojalá que la joven Ana María encuentre pronto una vivienda donde puedan vivir tanto ella como su querida mascota Nía.